Las
audiencias esta semana han corroborado algo que estaba prácticamente
asegurado, y es que How to live with your parents no es anda sin
Modern Family, lo que por si solo es malo, pero si logra renovar y
mantener su puesto en la parrilla puede conseguirle cierta
continuidad aprovechando el arrastre. Este cuarto episodio nos ha
acercado dos tramas bastante más profundas de las que estamos
acostumbrados a ver, sin olvidar el toque absurdo que acompaña a
esta sitcom.
Por
un lado, tenemos una bastante entretenida trama protagonizada por
Elaine y Max, y es que ambos juntos siempre dejan momentos bastante
cómicos. Obviando el penoso inicio de la trama, con ese plan de ir
al cine y con el absurdo asunto de que Elaine perdiese las entradas
porque es tan despistada que al estar peinándose termina por
incorporar las entradas al peinado, la clave ha estado en conocer un
poco más al siempre cascarrabias de Max. Resulta que su tía está
muy enferma, pero como siempre ha sido muy crítica con él y
bastante injusta desde crío, es Elaine la que debe convencerlo de
verla en el hospital antes de que sea demasiado tarde. A pesar de los
intentos desesperados por hacerle recordar los buenos momentos, con
presentación de Power Point al estilo de la que se enviaban por
e-mail con gatitos incluida, el tiempo es poco y su tía muere antes
de poder cerrar su historia. Por ello ambos acuden en una escena
final bastante peculiar, los dos acuden al forense, y rodeados de
cadáveres Max se despide mientras Elaine no para de reírse hasta
que se desmaya. ¿No os ha pasado que os entra la risa floja en
situaciones para nada graciosas?
Despedida en el depósito
En
la otra trama, Natalie ha demostrado ser más inteligente que sus
padres juntos, algo que tampoco es que sea muy difícil viéndolos.
La mayor estupidez que he visto de esta ex pareja ha sido la poca
consideración que han tenido con su hija al no ser honestos con ella
sobre su separación. Más de medio año después de mudarse con sus
abuelos y no sabe que sus padres ya no quieren estar juntos, y no
será por oportunidades para habérselo dicho. Como bien cuenta
Polly, hay dos formas de enfrentarse a los hijos, con honestidad o
con una gran mentira, y es por la que optan para decirle que este año
no habrá acampada familiar.
Es
a partir de aquí cuando Natalie saca la parte más estratega de su
personalidad, y se inventa una “matona” imaginaria que la obliga
a hacer cosas y se mete con su pelo, todo para conseguir volver al
camping. Los momentos en los que ha intentado ser unos padres muy
atentos han sido bastante graciosos, como cuando fingen acento inglés
o cuando Julien tiene la brillante idea de emular a la película
Origen.
De acampada
Esta
trama no solo ha servido para eso, sino para que Julien y Polly
pudiesen mantener una conversación pendiente, y es que ninguno había
sido lo suficiente honesto y valiente para enfrentar la realidad de
su matrimonio en su momento, incluso la forma en la que Polly se
marchó de casa con Natalie fue totalmente desconsiderada, y es que
no es bonito que llegues a casa y te encuentres una nota en la nevera
poniéndote al día. Hay demasiadas cosas que curar en esta relación,
pero, yo al menos sigo apostando por una reconciliación, aunque eso
sí, no muy pronto. Por cierto, me ha encantado el Julien filósofo
hablando como Descartes y planteándose la existencia de la realidad
material.
Hasta
aquí la review del cuarto episodio, el cual solo consiguió algo más
de cinco millones de espectadores, como el calendario Modern Family
no lo conozco, no sé cuando regresa, pero de seguro servirá para
levantar el vuelo de esta novata.



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