Esta
semana tenemos a unos protagonistas que dan por bueno el dicho de que
el tamaño no importa (guiño al título sin importancia). Si la
semana pasada el enemigo era un condenado a muerte, esta vez lo es un
grupo de robots microscópicos diseñados para matar. Las que también
matan, y podemos casi darlo por seguro, son las audiencias. Que no
obtengan más de 1,5 en demográficas en una noche, tan habitualmente
fuerte para CBS, va a hacer que Intelligence no pase de los trece
episodios de rigor, además, el anuncio de Adam Horowitz del regreso
de Meghan Ory a su papel de Red en la actual temporada de Once upon a
time, puede dar a entender que el futuro de la rookie de la CBS es
muy negro.
Llevo
una temporada en la que me disculpo en la entradilla por mi retraso a
la hora de escribir reviews. Pero, para no ser repetitivo, me
disculpo aquí y listo. Y es que en esta ocasión me he retrasado a
lo grande, una semana entera. Y la verdad no sé por dónde se me
escapa el tiempo.
En
parte, creo que es porque la serie cada vez me entretiene menos.
Normalmente la veía con el aliciente de Meghan Ory, pero la mayoría
de personajes no han logrado calarme. Hasta en The Walking Dead, que
tiene todas esas críticas porque sus personajes pecan de planos, me
es más fácil encariñarme con los mismos. No les han dado el trato
que se merecían para que la historia pudiese gustar, y partiendo de
que la relación principal (Riley-Gabriel) está repleta de clichés,
a los demás apenas les han caracterizado: El Dr. Cassidy es tan
poco relevante que incluso su casi muerte no me ha dado ni pizca
pena; su hijo, que me parece genial en El Lobo de Walt Street (como
actor obviamente) se le encasilla en un papel demasiado estático;
Jameson, a penas ha tenido diálogos y ha pasado por una serie de
siete capítulos sin el peso suficiente, prueba de ello es que haya
tenido que mirar su ficha en IMDB para saber el nombre; y Lillian,
simplemente me resulta odiosa en su papel, no me entra en la cabeza
que sea la persona que mande en el resto de protagonistas, y ni
siquiera sabe cambiar la cara para interpretar: ha puesto la cara de
pena más mala de la historia.
Pequeños asesinos
Centrándonos
en la trama, Bryce Tyler, un científico y ex estudiante del Dr.
Cassidy, ha creado unos microrobots asesinos para cargarse a su
competencia en el sector por culpa de sentirse mediocre (que lo es).
La diferencia con cualquier otra serie en la que pudiesen crear la
misma trama está en lo inteligente del plan. El rubio consigue
engañarnos por un momento y el enviarse un paquetito a él mismo -
que acaba con su secretaria muerta- para que siguiésemos dándole
vueltas al asunto. Pero, cuando cae enfermo Cassidy parece que se
ponen las pilas porque la víctima es cercana, y revisando cámaras
de seguridad se ve como Bryce activa a los nanots para que terminen
con el doctor.
La
trama no ha sido una de las mejores de la serie, está claro, lo más
relevante pasaba por luchar contra la muerte en el caso del doctor,
pero ni congelado, ni en parada consiguen, en mí, la reacción que
pretendían. Esos mensajes de orgullo a su hijo y esa despedida tan
emotiva pierde fuerza dese el momento en el que no sabemos cómo de
estrecha es la relación de ambos porque no nos la han explicado. No
pueden pretender que lloremos la pérdida de un personaje al que no
conocemos.
Gabriel después de quedar con Riley
Llega
un punto en todas estas series nuevas que veo medio canceladas en las
que necesito que se evolucione más en el sentido personal que en el
profesional. Los casos están muy bien, y les dan algo que hacer;
pero el juego de Gabriel y Riley tiene que avanzar sí o sí. Porque
llevan semanas compartiendo sonrisas y cervezas, pero de ahí no
pasan. Y teniendo en cuenta lo que ha pasado con otras series
canceladas me a miedo que no haya, al menos, cierto cierre a su
romance.
Una
semana más tarde, y divagando más sobre la serie en sí que sobre
el capítulo más tostón de la temporada, ponemos cierre a la
review.



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