Hace
más de dos meses que se emitió este episodio de Brooklyn Nine-Nine,
lo que hace que acumule cuatro reviews atrasadas de la comisaría más
caótica desde Loca Academia de Policía. Voy a aprovechar el tiempo
libre que me dejen las prácticas del grado para ponerme al día con
todo lo que tengo pendiente, que por desgracia es mucho.
Charles
y Jake han vuelto a formar pareja y es que son como una moderna
versión de Starsky and Hutch. Esta vez tienen que capturar a un tipo
que ha robado en tiendas de electrónica, y si tenemos en cuenta los
últimos casos no es de los más complicados. Pero esto es Broklyn
Nine-Nine y si algo se puede complicar se complica.
Jake
ha podido vivir su sueño de realizar una persecución corriendo
sobre coches en una abarrotada calle. Y lo hace con estilo hasta que
termina cayéndose por la luna de un coche. Resultado: demasiados
huesos rotos como para seguir trabajando. Pero Jake es un cabezota, y
consigue que Terry le permita seguir investigando siempre y cuándo
no salga de la oficina ni se mueva de su silla. Mr. Grey will see
you now.
Jake está perfectamente bien
Pero
si a estas alturas no conocemos a Jake mal vamos. Y Terry debería de
ser saber también que Jake no iba a estarse quieto. Y menos cuando
tiene una baja por enterrarse bajo cajas. Peralta idea el mejor plan
de la historia: engaña a Charles para que crean que se van a
Atlantic City y que se hospedarán en 'The Ravenna' (leer cantando).
Y no, no van. Sino que se lo lleva a un motel a hacer una vigilancia.
El
desenlace ha terminado como nis tienen acostumbrados. Con Jake
metiendo la pata, siendo descubierto por sus compañeros, en este
caso Terry y con una lección que debe de aprender Peralta. En esta
ocasión es a saber respetar a sus amigos cuándo le están pidiendo
que se cuide. Y después de atrapar al ladrón sí que le hace caso.
La operación AC/DC se recupera y Jake y Charles tendrán escapada de
pareja.
El
Capitán Holt y Rosa suelen regalarnos momentos divertidos cuándo
tienes problemas de 'familia'. Ha sido un buena forma de mezclar a
dos personajes que no tenían nada en común, y la existencia de
Marcus ha favorecido en gran medida a estos personajes. Eso sí, no
me esperaba que el sobrino del Capitán aguantase tanto en la serie,
menos mal que aparece más bien poco o sino hubiese cansado hace
tiempo.
Marcus
y Kevin quieren una cena de parejas. Y eso es algo que Holt y Rosa
dejaron muy claro, los límites entre vida laboral y personal
estarían bien marcados. La mejor solución que se le ha ocurrido a
Holt ha sido invitar a Amy a Gina, que han tenido grandes momentos
como pareja esta temporada y que en este episodio no defraudan.
Rosa tiene una familia
Por
un error del destino, las parejas acaban cenando juntas. Sin nadie
más. Así que el Capitán ha tenido que sacar sus temas más
candentes para evitar hablar de la vida personal de ninguno de ellos:
las orquídeas, las lunas de Júpiter... y al final tenemos que saber
que Rosa tiene dos hermanas (totalmente innecesario) y que la
detective tenía dudas sobre si estaba o no embarazada. ¡Vaya noche!
Amy
y Gina han llegado tarde a la cena. Y mientras la bailarina estaba
deseando que la recta Santiago saltase por los aires, Amy ha
demostrado que puede ser una persona relejada. Ha estado diciendo
¡Hasta luego, cocodrilo! Y muchas más muletillas de persona
relajada. Incluso ha llegado a pecar por momentos de demasiado
relajada. Grande.



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