Ya
se ha emitido el episodio de la boda de los padres de Boyle y Linetti
pero de momento toca tratar un episodio de relleno y que corta
completamente el ritmo de la serie. Centrarse tanto en Kevin y Holt
no es muy normal a estas alturas de temporada, pero esperemos que la
boda sea memorable y nos haga olvidar este capitulo. Ni el anciano,
ni Holt cabreado, ni Jake metiendo la pata consiguen animar estos 22
minutos de letargo.
El
Capitán Holt nunca ha destacado por ser muy expresivo, ni por
demostrar ninguna emoción que no fuese enfado o furia. Aunque lo
hemos podido ver muriéndose de risa -muy por dentro- nunca le
habíamos visto siendo tan gruñón y tan dictador con ninguno de sus
detectives. No quiero decir que no le faltase razón, y es que hasta
el más cuerdo del grupo es un auténtico desastre y se toma a la
torera todas las indicaciones, pero en esta ocasión ha estado
desproporcionado. Ni siquiera les deja tener fotos en sus pupitres
porque se supone que si quieres a alguien recordarías su cara.
Todos
han hecho números para ser los causantes del enfado, pero como todo
apunta a Jake, que entre sus últimas perlitas terminó por inundar
el despacho de Holt. Así que Perlata decide utilizar su tiempo libre
en resolver un caso muy importante, ¿por qué está enfadado Holt?
Así que recurre a su marido y a la ayuda de Gina para averiguar lo
ocurrido.
Gina
tiene una gran relación con Kevin, el marido de Holt, de hecho, se
llaman por su nombres de pila, pero la coalición Peralta-Linetti
termina por causar serios problemas de pareja entre el matrimonio.
Descubrir los hobbies del hermético Capitán ha sido muy
interesante. Por suerte la perspicacia de Jake y su irritante
existencia termina por hacer confesar a Holt. ¿Cuáles eran sus
motivos? Resultó herido en un intento de robo con arma blanca y se
sentía avergonzado por haber intentado detenerlos él solo. Muy
vergonzoso.
Charles
es el único que se encarga de un caso policial tradicional. Digo
tradicional por el hecho de que se ha cometido un delito y hay un
sospechoso porque nada es tradicional en Brooklyn Nine-Nine. Boyle ha
detenido a un ancianito aparentemente débil que ha sido el
protagonista de una serie de robos. Lo malo es que ha admitido lo
ocurrido a Boyle pero no para de mentir delante de Rosa y Amy.
Las
dos detectives creen la historia del maravilloso y piropeador
ancianito, pero todo parece salir a pedir de boca para el señor
hasta que se muere en plena sala de interrogación. El pobre ha
muerto, peor lo que más le molesta a Charles es que no haya podido
vencerle, pero en realidad sí que lo ha hecho. Amy y Rosa admiten
haber sido malas detectives dejándose engañar por el anciano y
felicitan a Boyle como se merece. La ley es la ley y se supone que es
igual para todos.
Perdón
por el retraso en la publicación de la review pero es que cuando un
capítulo me deja frío o directamente no me gusta me entra una
pereza máxima que no os podéis ni imaginar. Espero que no se vuelva
a repetir, pero he dicho tantas veces esta frase que ha perdido todo
su significado.



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