El episodio dieciocho de la quinta temporada rompe un poco con la tendencia del resto de episodios de su segunda mitad y, la verdad, es que era necesario. La misma fórmula resulta tediosa y lo que hace tres capítulos era interesante e innovador puede caer en la monotonía si no toman medidas. Ésta ha sido una acertada, además de que hemos podido volver a ver a Ruby. Así que yo contento.
